NUESTRA ESPIRITUALIDAD

Nuestras Raíces:

Somos laicos/as, religiosos/as y sacerdotes que al impulso del Espíritu Santo, como María, seguimos a Jesucristo que se ofrece al Padre por la salvación del mundo y trabajamos con Él por la construcción del Reino.

Nuestro Origen:

El 14 de enero de 1894 Jesucristo le transmite a Concepción Cabrera de Armida (Conchita) su ardiente amor misionero, y ella lo expresa a través del grito que nosotros encarnamos: Jesús, Salvador de los hombres, ¡sálvalos!

Nuestro Emblema:

La Cruz del Apostolado simboliza al Padre (luz), a Cristo Jesús (corazón) y al Espíritu Santo (paloma), que actúan sosteniendo, acompañando y fortaleciendo al ser humano sufriente (cruz) y lo salvan con un amor solidario.

NUESTRO FUNDAMENTO

La Espiritualidad de la Cruz imita a Cristo – Enseña a vivir

Todas las espiritualidades son una manera de vivir la vida cristiana y se distinguen entre sí por el aspecto del misterio del Señor que cada una acentúa en su seguimiento. Nace como una iniciativa amorosa de Dios para continuar su proyecto de salvación frente a las necesidades históricas del hombre.

La Espiritualidad de la Cruz contempla, vive y transmite a Jesús en su aspecto de Sacerdote y Víctima y se expresa en la siguiente formulación:

Por voluntad divina hemos sido llamados a participar por el bautismo del sacerdocio común de los fieles siguiendo a Cristo, Sacerdote y Víctima, en su sacrificio por amor, enfatizando su fidelidad al Padre y su solidaridad salvífica con el hermano; y con María lo ofrecemos y nos ofrecemos con El al Padre, sobre todo en la Eucaristía, para extender el Reinado del Espíritu Santo en la salvación de los hombres, la santificación de la Iglesia, especialmente la de los sacerdotes, y así reciba consuelo el corazón de Cristo para gloria de Dios Padre.

El objetivo supremo que la Espiritualidad de la Cruz pretende alcanzar en todo el proceso de identificación con Cristo es: “educar al Cristiano para que se deje transformar en salvador con Cristo y pueda realizar la misión de Jesús”.

Dentro de esta Espiritualidad Sacerdotal, movidos por el Espíritu Santo, los miembros del Apostolado de la Cruz contemplamos a Jesús crucificado, comprendemos el misterio de la cruz y el llamado a tomarla en su seguimiento (Lc 9,23); asumimos y ofrecemos por amor el dolor porque entendemos su valor salvífico si es vivido al estilo de Jesús; y damos testimonio de esta verdad con nuestra entrega al Padre y a los hombres.

Por este motivo, el Ofrecimiento del Verbo Encarnado constituye una práctica esencial de la Espiritualidad de la Cruz.

La Espiritualidad de la Cruz, como otras espiritualidades, tiene su lema, su grito de salvación, mediante el cual se anima para seguir a Jesús, ser fiel a su misión y cumplir con su compromiso de transformación en Jesús

Jesús, Salvador de los hombres, ¡Sálvalos!

Este grito surge el 14 de enero de 1894 del amor salvador de Jesús perpetuado en el corazón de la Venerable Sierva de Dios Concepción Cabrera de Armida, inspiradora de las Obras de la Cruz en la Iglesia.

Conchita, como es llamada con afecto por todos sus hijos e hijas espirituales que formamos la Familia de la Cruz, escribe en su diario este momento histórico: “…sentí como si una fuerza sobrenatural me arrojaba al suelo y con la frente en la tierra, en los ojos las lágrimas y el fuego en el corazón le pedía al Señor con vehemencia, con un celo devorador la salvación de las almas: Jesús, salvador de los hombres,  ¡sálvalos, sálvalos!

“Yo no me acordaba de nada más: almas, almas, para Jesús era lo que deseaba. Más eran los ardores del alma que los del cuerpo, y la dicha indecible que yo experimentaba siendo, como los animales de su dueño, yo de Jesús, de Jesús, de mi Jesús que salvaría a tantas pobrecitas almas que le darían gloria. Arrebatada de dicha pasé el día, con ansias vivas de soledad y oración…” (Aut. I, p. 205-207).

Cristo continúa su acción sacerdotal a través de la Iglesia.  Jesús es el Salvador, la Iglesia su intermediaria.  Sólo unidos a ella podremos acrecentar nuestra unión con El, y ejercer y promover el sacerdocio común.  Esto nos compromete a amar a la Iglesia y ser parte activa de ella, interesándonos particularmente por sus sacerdotes, instrumentos de la mediación sacerdotal de Cristo y siervos de la comunidad cristiana. Por lo tanto, “nada de lo que se refiere al sacerdocio nos debe ser indiferente” (P. Félix de Jesús Rougier, M.Sp.S., fundador de los Misioneros del Espíritu Santo,(1914)  y de tres congregaciones femeninas: Hijas del Espíritu Santo (1924),Misioneras Guadalupanas del Espíritu Santo (1930) y las Oblatas de Jesús Sacerdote(1937).

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FUNDADORES

Beata Concepción Cabrera De Armida (1862-1937)

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Laica mexicana, esposa, madre de nueve hijos, mística y escritora. Instrumento de Dios para comunicarnos la Espiritualidad de la Cruz, entregarnos la Cruz del Apostolado y suscitar las Obras de la Cruz.

MONSEÑOR RAMÓN IBARRA Y GONZÁLEZ (1853-1917)

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Mexicano. Obispo de Chilapa y Arzobispo de Puebla. Puso al amparo de la Iglesia las Obras de la Cruz y promovió su desarrollo.

Venerable Siervo de Dios Félix de Jesús Rougier MSpS (1859-1938)

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Sacerdote francés, incansable apóstol, director espiritual, profeta de la devoción al Padre. Fundador de Misioneros del Espíritu Santo, Hijas del Espíritu Santo, Misioneras Guadalupanas del Espíritu Santo y Oblatas de Jesús Sacerdote.

Mons. Luis María Martínez (1881-1956)

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Mexicano. Último director espiritual de Conchita. Arzobispo Primado de México. Transmitió la Espiritualidad de la Cruz a través de su predicación.

LA CRUZ DEL APOSTOLADO.

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Sólo pasaron unos días después del monograma, cuando una mañana, (Nota: a fines del mes, y creo que fue tarde la primera vez) ¡feliz e inolvidable mañana! estando haciendo mi oración en la Iglesia de la Compañía, repentinamente vi, no sé cómo, una Paloma en medio de un gran fuego como de rayos de luz, pero de luz casi blanca, clarísima y brillante, muy superior a la incandescente, y en el centro de ella, a la Palomita, blanca también, blanquísima, como con las alas extendidas. No vi más, pero esto me hizo una impresión muy honda, aunque sin saber qué significaría aquello.

Cuando se lo comuniqué a mi Director, sólo me dijo: esperemos. Y no se hizo por cierto esperar mucho la solución. Pocos días después, repentinamente también, voy viendo la misma Palomita, pero debajo de ella, en el fondo de aquella inmensa luz, una cruz grande, muy grande, con un Corazón en el centro, donde los brazos parten. Parecía que flotaba en un crepúsculo de nubes, como con fuego dentro.

Debajo de la Cruz partían rayos de luz, los cuales no se confundían ni con la luz blanca de la Palomita ni con el fuego de las nubes. Eran tres tonos de luz ¡qué primor y qué encanto!

(Concepción Cabrera de Armida: Autobiografía 2, 36-38)

Para poder entender el significado global de la Cruz del Apostolado, se requiere conocer los diversos símbolos que la integran:

La paloma representa al Espíritu Santo.

La cruz grande, que nos recuerda la cruz material en la que Jesús fue crucificado, simboliza toda la realidad humana, pero haciendo énfasis en su limitación (pecado, odio, injusticia, debilidad, sufrimiento, miseria, muerte).

El corazón, traspasado por la lanza y circundado de espinas, es un corazón vivo y palpitante; representa al mismo Jesús, crucificado y resucitado.

La cruz pequeña simboliza los sentimientos sacerdotales de Jesús: su amor al Padre y a los hombres, y su dolor por ver al Padre ofendido y al hombre herido por el pecado.

La luz y las nubes ígneas son símbolos que representan a Dios Padre.